Textos argumentativos y poesía II. Ya os dije que no son el lobo.

En la anterior entrada “Poesía y textos argumentativos en la ESO. No son el lobo” hablábamos del miedo de nuestros alumnos a expresar su opinión por escrito y el pavor absoluto hacia la composición poética. En esta tarea competencial queremos desmontar ese mito probando que trabajar con poesía y argumentación puede ser productivo y, sobre todo, divertido.

Oda a los calcetines, de Pablo Neruda.

A sus calcetines dedicó Neruda una oda.

La segunda actividad que proponemos es aprovechar el texto de su opinión argumentada anterior como inspiración para crear una oda.

La oda es una poesía que se realiza para alabar a personas que nos gustan o caen bien, actividades que nos encantan, lugares en los que nos encontramos como en el paraíso.

Con este texto animaba a mis alumnos a componer su oda:

Quién te iba a decir a ti que eras capaz de hacer poesías tan bonitas como las que me has enviado en las últimas semanas. Como ya has hecho de manera fantástico con el haiku y el soneto, ahora tendrás que utilizar toda esa información que has escrito en tu texto argumentativo para crear un poema.
¿Cómo tiene que ser ese poema?
Como tú quieras, la rima es libre y el número de sílabas por cada verso también. En total tiene que tener 14 o más versos. Te dejo un ejemplo de alguien que amaba sus calcetines.

“Oda a los calcetines” de Pablo Neruda (fragmento)

Violentos calcetines,
mis pies fueron dos pescados de lana,
dos largos tiburones
de azul ultramarino
atravesados por una trenza de oro,
dos gigantescos mirlos,
dos cañones;
mis pies fueron honrados de este modo
por estos celestiales calcetines.

Eran tan hermosos que por primera vez
mis pies me parecieron inaceptables,
como dos decrépitos bomberos,
bomberos indignos de aquel fuego bordado,
de aquellos luminosos calcetines.

 

El niño y la trucha

¿Quién es este chico?  ¿Dónde vive? ¿Qué hace en el río? ¿Qué es lo que quiere conseguir? ¿Qué le impide conseguir con lo que está buscando? ¿Cuál será el resultado de lo que está haciendo? ¿Qué es lo que realmente necesita? ¿Por qué?

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Hace unos años, mi novia y yo hicimos un largo viaje en tren por la región de los Balcanes, en la antigua Yugoslavia. En uno de esos interminables recorridos, estábamos cruzando las montañas de Montenegro, habiá pasado muchas horas sentado en el mismo asiento, probando mil y una posiciones distintas buscando la forma de estar menos incómodo, me puse a observar a los demás pasajeros, a imaginar la vida de cada uno de ellos al bajar de aquel tren, ¿Quién le estará esperando? ¿Qué hará al bajar del tren? ¿A qué se dedicará? ¿Qué estará pensando la señora sentada junto a la ventana al final del vagón? ¿Por qué viste de luto? ¿Cuánto tiempo hace que guarda su duelo?

Ensimismado en estos y otros pensamientos acerca de la vida de los pasajeros de mi vagón, de repente siento que alguien me apoya su mano en el hombro,levanto la mirada y:

– Tenemos que bajar aquí, es nuestra parada. Me avisa Alejandra.

Justo en ese momento, recojo mi mochila, que estaba bajo mi asiento y escucho caer algo al suelo. Me agacho, miro y era un pendrive. Este pendrive:

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Horas más tarde, como suelo hacer al llegar al hotel y acomodarme, bajo a recepción para preguntar si hay ordenadores con conexión a internet. Por suerte, esta vez sí los tenían. Sin embargo, como era uno de los pocos lugares con conexión pública  a la red, estaba ocupado. Una chica joven junto con su madre hablaban por skype con algún familiar. No sé qué decían, no pude entenderlos, pero la charla duró un buen rato.

Tras una larga espera, finalmente, la computadora quedó libre y yo pude sentarme para hacer mis consultas habituales, correo electrónico, facebook y diario as. Informado al detalle de las vacaciones de los futbolistas y de lo felices que son todos y cada uno de mis amigos, me disponía a dejar libre el ordenador y recordé que aún tenía en el bolsillo la memoria usb que encontré horas antes en el tren.

Al abrirlo, encontré una carpeta con una única foto, la que podéis ver más arriba.

Como indico en el encabezamiento de este texto, me tenéis que ayudar a conocer la vida de este chico. Para ello, pensad en las preguntas que hago al principio y añadir las vuestras propias para contarme “la historia del niño y la trucha” que es como yo la he titulado.

Recuerda nuestro esquema “cómo escribir historia con gancho” y sigue sus instrucciones.